A todos nos ha pasado: suena el despertador, nos armamos de valor para salir de las sábanas y, al entrar en el baño para ducharos, la temperatura nos devuelve de golpe a la realidad. En Hermanos Borbolla sabemos que el confort en el baño no es un lujo, sino una necesidad diaria. Por eso, una de las preguntas que más nos hacen nuestros clientes cuando plantean una reforma o una mejora en su hogar es qué sistema de calefacción es más eficiente para esta estancia.
La duda suele estar entre el tradicional radiador de agua y el moderno radiador o toallero eléctrico. Aunque ambos cumplen su función de caldear el ambiente y secar las toallas, el camino que eligen para hacerlo es muy distinto, y la elección correcta depende totalmente de tu estilo de vida y de la infraestructura de tu casa.
El confort clásico del radiador de agua
El radiador de agua es la opción natural si tu vivienda ya cuenta con un sistema de calefacción centralizado, ya sea mediante una caldera de gas, gasoil o sistemas más modernos como la aerotermia. Estos dispositivos funcionan integrándose en el circuito de tuberías que recorre tu casa.
La gran ventaja de este sistema reside en la eficiencia económica a largo plazo. Si la calefacción de tu hogar ya está encendida, el coste adicional de calentar el baño es prácticamente imperceptible. Además, el calor que emiten es muy agradable y constante, manteniendo la temperatura de forma muy estable una vez que el circuito alcanza el calor óptimo.
Sin embargo, tiene sus matices. Su instalación requiere de obra de fontanería, por lo que es una opción ideal si estás en medio de una reforma o si ya tienes las tomas preparadas. Además, dependes del encendido general de la caldera; si un día de otoño refresca pero aún no has activado la calefacción de la casa, el radiador del baño tampoco funcionará.
La agilidad y autonomía del sistema eléctrico
En el otro lado de la balanza tenemos los radiadores y toalleros eléctricos. Su popularidad ha crecido exponencialmente en los últimos años, y no es por casualidad. La principal virtud de estos equipos es la independencia. No necesitan conectarse a ninguna caldera ni requieren tuberías; basta con un enchufe y una fijación adecuada a la pared.
Esto los convierte en la solución perfecta para baños donde no llega el circuito de agua o para viviendas donde no queremos complicarnos con obras. Pero su mayor punto fuerte es el control. La mayoría de los modelos actuales permiten una programación precisa: puedes configurar el radiador para que se encienda media hora antes de que te despiertes y se apague justo después, optimizando cada minuto de consumo.
Aunque es cierto que la electricidad es una energía más cara que el gas, el hecho de poder usarlos de forma puntual y autónoma —incluso en verano para quitar la humedad de las toallas— compensa para muchos usuarios ese coste operativo.
¿Cuál es la mejor elección para tu hogar?
Llegados a este punto, la decisión suele reducirse a un análisis de tu situación actual. Si estás realizando una reforma integral y buscas la máxima eficiencia en el consumo mensual, integrar un radiador de agua en el circuito de la casa es, técnicamente, la opción más sólida.
Por el contrario, si buscas una solución rápida, no quieres levantar azulejos o simplemente necesitas un refuerzo de calor que puedas controlar minuto a minuto de forma independiente al resto de la casa, el radiador eléctrico ganará la partida por su versatilidad y facilidad de uso.
En Hermanos Borbolla creemos que cada baño es un mundo. Por eso, más allá de la tecnología, lo importante es analizar el espacio y el uso que le das. Un buen asesoramiento previo puede ahorrarte muchas facturas elevadas y, sobre todo, asegurarte de que ese momento de la ducha sea siempre el más confortable del día.
Si estás pensando en renovar la calefacción de tu baño y no sabes por dónde empezar, estamos aquí para escucharte y ayudarte a encontrar la solución que mejor encaje con tu hogar.




